Imagen_Introduccion

Son muchas las organizaciones internacionales y asociaciones de pacientes que durante la última década orientan sus líneas de actuación a promover cambios en el sistema sanitario con el objetivo de reducir la probabilidad de que los pacientes sufran efectos adversos relacionados con la atención a la salud.

En el año 2001, dentro de la Agency for Healthcare Research and Quality, Shojania et al. publicaron un studio de gran repercusión: Making Health Care Safer: A Critical Analysis of Patient Safety Practices. Este estudio fue calificado por algunos como excelente compendio de prácticas o métodos que podrían evitar efectos adversos y complicaciones. Pero no estuvo exento de críticas, los hubo que señalaron que muchas de las prácticas mencionadas no se apoyaban en sólidas evidencias científicas.

El National Quality Forum en el 2006 renovaría con respaldo científico suficiente, el listado de 30 prácticas clínicas seguras agrupándolas en 5 grandes áreas: crear cultura de seguridad, adecuar la capacidad de los servicios a las necesidades de salud, favorecer la transmisión de la información, mejorar la seguridad en situaciones específicas y mejorar la seguridad del medicamento.

Y en una línea semejante en España, con el Plan de Calidad del Sistema Nacional de Salud, se formularía una estrategia encaminada a mejorar la seguridad de los pacientes atendidos en los centros sanitarios del Sistema Nacional de Salud. Este pasaría a ser el marco en el que se están desarrollando, en colaboración con las Comunidades Autónomas, proyectos sobre prácticas seguras de gran calado en diferentes ámbitos sanitarios.

La puesta en marcha de estrategias multifactoriales ha supuesto un gran impulso para la prevención de infecciones asociadas a la asistencia sanitaria. Las actuales guías de prevención recomiendan instaurar programas que incluyan intervenciones educativas continuadas, combinadas con la vigilancia, para asegurar la máxima adherencia a las recomendaciones basadas en la evidencia.
Estas recomendaciones lideradas o impulsadas por los profesionales sanitarios más próximos al paciente han demostrado adquirir una enorme eficacia tal y como ha quedado demostrado en diversos proyectos nacionales (Bacteriemia Zero-BZ-, Neumonía Zero-NZ-…)

Emulando pues la exitosa experiencia llevada a cabo en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) con la implantación de estos Proyectos, se pretende ahora implementar una estrategia multifactorial similar que aborde otros procedimientos de terapia intravenosa llevados a cabo en el resto de la unidades de hospitalización.

Entre los pacientes hospitalizados el cateterismo venoso periférico es el procedimiento invasivo más frecuente y se asocia con una tasa de flebitis muy variable, entre 2,3 % y 60% 1; la Intravenous Nursing Society (INS) habla de una prevalencia de flebitis “estándar” en torno al 5%2 y un reciente estudio de Claire M Rickard et al. publicado en Lancet3 se mencionan tasas de flebitis del 7%